Jon Lee Anderson. Charles Taylor un fanático cristiano con un ejercito de niños caníbales.

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Editor de Metrópolis Escéptica, aproximadamente unas dos semanas antes del conflicto racista y de odio desatado por supremacistas blancos, miembros del KKK y por neonazis en la ciudad de Charlottesville en Virginia Estados Unidos el día 12-Agosto-2017 del cual con seguridad casi todo mundo con Internet ya se ha dado por enterado de dicho episodio vergonzoso y primitivo de la sociedad contemporánea en pleno siglo XXI, tuve la oportunidad por casualidad de mirar una conferencia dada por el periodista estadounidense Jon Lee Anderson en el Puerto de las ideas Festival de Valparaiso un evento de conferencias culturales y científicas dadas en la ciudad de Valparaiso en el país de Chile. (Clik en las imágenes para poder verlas mejor. )

Por mi parte nunca había visto nada de este autor, me llamó mucho la atención el titulo de su conferencia al navegar por Internet por lo tanto la miré y escuché me gustó y me interesé en adentrarme en el autor así como en varios de los temas de los que charló en ella. Muchos sabemos ya de los fanáticos musulmanes son noticia a cada rato en medios de comunicación como el lamentable suceso del atentado terrorista en la ciudad de Barcelona en España el 17-Agosto-2017 cuando un desquiciado fanático atropelló aproximadamente a 100 pesonas, causando la muerte a 13 de ellas más 80 heridos aproximadamente.   

Pero sospecho que pocos saben la historia de Charles Taylor un fanático y psicópata cristiano quien fue presidente de un país en África y que llegó a tener un ejercito de niños y adolescentes caníbales. Bueno continuaré con esa historia de la vida real, luego de la conferencia de Jon Lee Anderson que dejaré aquí abajo, como 2da parte añadiré uno de sus artículos que publicó en la revista Etiqueta Negra sobre dicho personaje, al final está la información del autor, notas y referencias. 

“No me gusta mucho observar desde la distancia, sino a partir de la experiencia.” – Jon Lee Anderson. 

Conferencia: Dioses asesinos el lazo histórico entre violencia y religión-

Parte 2) Artículo publicado en la Revista Etiqueta Negra el 30-Abril-2012.

El Rey de la Muerte

Por: Jon Lee Anderson. 

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Charles McArthur Gankhay Taylor. Fue Presidente del país de Liberia entre 1997-2003 

Una tarde fui a conocer al dictador más malvado del mundo. Su nombre es Charles Taylor, gobernaba Liberia y era un asesino en serie con el disfraz de un presidente. Había ido a entrevistarlo a su residencia de Monrovia, la capital de ese país, en los días que había ordenado exorcizar su palacio presidencial. No era un megalómano como Saddam Hussein, quien se creía la reencarnación del rey Nabucodonosor de Babilonia, y ejercía su poder de una manera tan absoluta y brutal como otro de sus héroes favoritos, Stalin. Tampoco era como el disparatado de Kim Jong II, el sol Radiante de Corea del Norte, cuyos caprichos llegaban hasta raptar a directores de cine para que rodaran películas bajo su dirección, y era hijo de su fallecido papá Kim Il Sung de quien había heredado su poder dinástico y, gracias a ese curioso sincretismo de estalinismo y confucionismo, también su estatus de dios viviente. Tampoco encajaba en la estirpe de dictadores fundamentalistas como Pinochet, quien desde una lógica nazi y anticomunista de la Guerra Fría, creía que todos sus crímenes eran por el bien de su pueblo.

No es ninguna novedad decir que los dictadores son malvados, pero siempre será un desafío entender el origen y el método de su maldad. El presidente de Liberia había asesinado a más de medio millón de inocentes. La explicación es tan simple que hasta podría parecer la de una madre a su niño: Charles Taylor mataba porque quería más riqueza, más poder y, al parecer, mataba también porque le daba la gana.

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William Tolbert Presidente de Liberia de 1971 -1980.

 Pero mi fascinación por Taylor no había nacido sólo al enterarme de las terribles noticias sobre él, sino también porque yo había vivido en Liberia, cuando era un adolescente. Entonces me había internado en su selva más hostil y visitado varias veces el caserío (aldea) Balama, donde vivía gente de la etnia Bpelle. La primera vez que bailé en mi vida fue con ellos y sus habitantes me bautizaron con un nombre honorífico: Saki. Significaba, según me dijeron, “el chico que llegó por sorpresa”. Durante años llevé con orgullo ese nombre, y desde entonces soñaba siempre con volver a Liberia. La oportunidad fue cuando me enteré de que Charles Taylor había aparecido monte adentro, como líder de unos guerrilleros.

Liberia deriva, es obvio, de libertad. La tradición decía que el poder quedaría en manos de los libero-americanos, es decir, de los descendientes de los esclavos norteamericanos devueltos a África, quienes a mediados del siglo XIX fundaron el país de Liberia, la primera democracia de África. Todo iba como de costumbre –harta corrupción sin una violencia descarada–, hasta que en 1980, un sargento de la etnia Krahn, Samuel K. Doe, dio un golpe de estado. Para comenzar, Doe y sus amigos destriparon al entonces presidente William Tolbert en su cama. La primera dama fue violada y luego desnudada y humillada en público.

Doe invitó a la prensa internacional a Monrovia para que fuesen testigos de una serie de ejecuciones en una playa cerca de la capital. Allí sus soldados mataron a balazos a los principales ministros del gobierno del ex presidente Tolbert. Fue el fin de una era, la del poder de los libero-americanos. Fue el principio del poder de los de monte adentro y también de una guerra tribal sangrienta.

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Charles Taylor de joven como guerrillero.

 Uno de los primeros aliados de Doe fue Charles Taylor, hijo de un maestro bautista, quien se había puesto a sus órdenes al día siguiente de su golpe de estado. Entonces Taylor era un activista estudiantil que acababa de volver de Massachussets, donde había estudiando administración de empresas en un college. De inmediato se lució al lado del analfabeto Doe. Llegó a ser el ministro de la Agencia de Servicios Generales, que vigilaba todas las compras del gobierno y aprovechó al máximo su tarea: acusado de un desfalco de un millón de dólares, Taylor se esfumó de Liberia y volvió a aparecer en Boston, su antigua morada, cuando estaba a punto de ser arrestado (y quién sabe si asesinado por Doe). A insistencia de éste, fue capturado por la policía de los Estados Unidos y encarcelado, en espera de su extradición. Dos años después, Taylor escapó de la cárcel y se volvió un misterio.

 La Nochebuena de 1989, el hombre más buscado de Liberia apareció en la selva fronteriza de este país encabezando un grupo armado, el Frente Patriótico Nacional. Se sabe que antes había estado en Libia, recibiendo armas y entrenamiento de Muammar Kaddafi para su gesta libertadora. Y Taylor empezó la guerra. A los seis meses, sus guerrilleros habían avanzado hasta las afueras de Monrovia. Lo único que los frenaba era la intervención de tropas de los países vecinos, sobre todo de Nigeria. En medio del caos, uno de sus principales lugartenientes, Prince Johnson, rompió con Taylor, lideró su propia facción, y frente a las narices de las tropas extranjeras capturó al presidente Doe. Después, en una noche de cerveza, vídeos y sangre, lo torturó hasta la muerte filmándolo todo.

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Samuel K. Doe Presidente de Liberia y Dictador Cristiano entre 1980 y 1990. Su tortura y asesinato, se transmitió en noticieros a nivel internacional.

 Me fui acostumbrado así a las noticias de Liberia. La televisión exhibía, como un macabro carrusel, las imágenes de sus guerreros adolescentes, vestidos con batas de ama de casa, pelucas y máscaras tipo Viernes 13, envueltos en una orgía de sangre que iba a exterminar a por lo menos doscientos mil liberianos en los siguientes siete años. Taylor se había hecho invencible en un pueblo del interior –próximo a Balama, ese caserío selvático de mi adolescencia–, donde vivía custodiado por sus incondicionales soldados que vigilaban los puntos de entrada a su refugio y que adornaban sus retenes con calaveras y vísceras humanas. Cuando veían mujeres embarazadas, los guerreros de Taylor hacían apuestas jugando a adivinar el sexo de los fetos. Para averiguar quién era el ganador, abrían los vientres de las mujeres con bayonetas y machetes. Les gustaba bautizarse con nombres tipo General Fuck Me Quick, Babykiller y Dead Body Bones. A ojos de todos, arrancaban los corazones de personas vivas y se los comían crudos en plena calle, con el doble propósito de intimidar a los transeúntes y, según las viejas creencias tribales, adquirir el poder de los fallecidos. ( Nota: Artículo continua después del vídeo.)

Vídeo en inglés. Próximamente subtitulado al español.

La violencia sangrienta de los soldados caníbales de Charles Taylor.

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Mapa para visualizar los países y sea más fácil comprender.

 No fue suficiente quedarse a jugar a ser el diablo en Liberia. Otro de sus lugartenientes, Fondoy Sankoh, volvió a Sierra Leona, su país natal fértil en diamantes y vecino del infierno de Taylor. Entre su séquito, el nombre en clave de Sierra Leona era Kuwait. Allá, en su patria, Sankoh fabricó una guerra civil y más muertes con su fúnebre ejército de guerreros arrancalenguas y cortabrazos. Desde sierra Leona, Sankoh enviaba a Taylor los diamantes de las minas conquistadas para que éste los vendiera a su antojo. En 1997, dueño de las tres cuartas partes del territorio de Liberia, Taylor accedió a presiones internacionales para participar en elecciones democráticas, a sabiendas de que las iba a ganar. Su escalofriante eslogan de campaña era “Better the Devil you know than the Angel you don’t”. ( Más vale demonio conocido que ángel por conocer.) Taylor ganó. Setenta y cinco por ciento de los votantes eligieron al diablo conocido. Sabían que, si no votaban por él, el diablo continuaría su guerra.

Volví a Liberia un año después de la llegada al poder de Taylor, quien entonces ya era el presidente legítimo de Liberia. Monrovia era casi una ruina, sin luz eléctrica ni agua potable. Taylor se había mandado a construir una villa despampanante en un suburbio, Congotown, muy cerca de un campamento de desplazados de la guerra. Aquella residencia estaba amurallada y adentro tenía una capilla privada, una cancha de tenis y otra de baloncesto, una piscina y una flota de Mercedes Benz. Vivía ahí con su mujer y una cuarentena de huérfanos de guerra a quienes trataba como si fueran sus hijos. Cada mañana, Taylor salía de su residencia escoltado hacia sus oficinas de la Mansión Presidencial en un convoy de unos treinta vehículos manejados a alta velocidad por sus niños asesinos –los llamaba su Special Security Service–, quienes apuntaban sus Kalashnikov y cohetes antitanques RP-7 a todo civil que aparecía a su paso por la calle. De vez en cuando, mataban a alguien.

Waugh9781848138483 Afuera de esa mansión hubo una estatua conmemorativa del soldado desconocido. Había estado allí hasta unas semanas antes de mi llegada a Liberia, cuando el dictador ordenó su destrucción a través de un “ritual de purificación” de ese palacete. Fue el propio consejero religioso del presidente, el obispo Alfred Reeves, quien me explicó que era una operación urgente y necesaria: había rumores de que, como un ritual de sacrificio, el ex presidente Doe había enterrado vivo a un niño bajo ese monumento. El obispo en persona se encargó de esa ceremonia de purificación, que, además de la demolición de la estatua, involucró la “consagración” de cada habitación de la Mansión Presidencial. Setenta clérigos se dividieron en siete y siete, y se pasaron siete días trasladándose de una sala a otra, orando y en ayunas. “El número siete –me recordó el obispo– es el número de suerte del presidente”. A pesar de estos rituales, según el consejero, era posible que la purificación no hubiera funcionado del todo. En los últimos días se había detectado un gato negro husmeando por el palacio. No era un gato cualquiera: “Es un brujo transformado en gato”, me dijo el obispo. “Y esto es muy peligroso”, advirtió.

Un día, mientras visitaba la Mansión Presidencial, vi que estaban talando los árboles del jardín. Un soldado me dijo que los estaban cortando porque habían visto un búho. Y era obvio: los búhos no eran búhos, sino brujos. La brujería, el Juju, ha sido siempre fundamental en la política de Liberia, y en algunas de sus prácticas como el canibalismo y los sacrificios humanos. La ceremonia de consagración de La Mansión era un indicio de que Taylor era creyente del Juju. Los rumores que circulaban en Monrovia durante mi visita decían que Taylor tenía un balde de sangre fresca humana al lado de su cama, y que cada día se bañaba en él. Pero también que él era culpable de la serie de asesinatos rituales cometidos por esos días por los cazadores furtivos de corazones humanos, llamados “hombres-corazón”, quienes proveían de órganos vitales a gente con ambiciones políticas, o a políticos que deseaban aún más poder. Así mataban a civiles incautos, les arrancaban el corazón y se los daban a los candidatos, quienes se lo comían con la convicción de que iban a acrecentar su poder.

dan127a Algún tiempo antes, Charles Taylor se había añadido el título Dakhpannah al de presidente, que, entre las doce tribus de Liberia, significa “Zo Supremo”, o Gran Jefe de todas las tribus del país. Existen dentro de ellas unos seres llamados “Diablos del Monte”, quienes ejercitan su poder en complicidad con los jefes tribales de la estrategia del terror. Son hombres de verdad, shamanes que viven escondidos en la selva y que sólo aparecen de noche, disfrazados de máscaras y disfraces espantosos para ejecutar rituales, sermonear a las tribus y castigar con maldiciones de Juju a los pecadores. Taylor se había hecho no sólo con el poder político de Liberia, sino también con ese poder folclórico, el del terror de los diablos del monte. No era un presidente cualquiera, sino el Supremo.

Aquella tarde que fui a visitar a Taylor a su residencia en Monrovia, el dictador me recibió en la cochera de su casa, frente a la fila de sus Mercedes Benz. Era un hombre bajo, atlético, con barbita y cara de luna. Vestía un camisón y pantalones sueltos de color marfil, calzaba unas pantuflas de piel de pitón con adornos de oro, un reloj de oro incrustado de diamantes y anteojos negros con mangos de oro. Se protegía del sol con una gorra de béisbol negra adornada, en hilo dorado, con unas letras que decían: “President Taylor”. Sus manos descansaban sobre un palo color sangre de buey. Me dijo que ese palo provenía de un árbol sagrado de la selva cuya virtud era causar la muerte de todo animal que se acercaba. A primera vista, Taylor parecía el espectro de un rey de la Edad Media.

Sentí que me estaba confirmando todo lo que sospechaba de él: con su respuesta sobre el palo, me estaba diciendo que tenía poder sobre la muerte y que le gustaba conservarla siempre cerca. Sentía una profunda repugnancia, pero también una extraña fascinación hacia él. Quería saber hasta dónde estaría dispuesto a revelar su verdad, saber si aún podía existir una gota de conciencia en ese hombre. Le pregunté si sentía alguna responsabilidad moral por todas las atrocidades cometidas en su país durante la guerra. “Yo ya me he disculpado con la gente de Liberia. He pedido su perdón”, me dijo. “Y también los he perdonado”. Lo interrogué también sobre los rituales Juju de su ceremonia de consagración. “¿Fue un exorcismo?”, pregunté. “Ay, no, mi querido, yo no diría que fue un exorcismo”, me dijo, riéndose a carcajadas. “A través de los años de guerra en Liberia, hemos rezado y ayunado. Somos un pueblo muy, muy, muy religioso. Somos gente que reza, como en los Estados Unidos. Quiero decir, allí está nuestra fuerza y en Dios confiamos”, me dijo.

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Taylor en la ceremonia donde entregó oficialmente la presidencia a su vicepresidente, Moses Blah en 2003.

 Su modo de evadirme y la falta de sinceridad eran evidentes. Hablaba sin convicción alguna, sus ojos vagaban a los lados y no dejaba de acomodarse en su tronito. Taylor seguía explicándome en un tono altanero y pedagógico. “Tú sabes, en algunas partes de África hay todavía gente que cree en los sacrificios humanos. Todas esas cosas son pura vanidad”. Taylor dejaba todas las sospechas sobre él flotando en el aire. Y era lógico: en la duda está el terror. Y en el terror está su poder. “Así que, después de la guerra, y cuando llegué a ser presidente –continuó– creímos esencial consagrar esta Mansión Presidencial. La purificación era para rezar y agradecer a Dios por traer un presidente a este edificio”. Y me dio una sonrisa complaciente.

He conocido en persona a varios dictadores, pero nunca a alguien tan malo como Taylor. A su lado, Fidel Castro es un santo caribeño digno de beatificación. El propio Pinochet, con quien conversé varias veces antes de que lo detuvieran en Londres, estaba consciente de que era responsable de unos tres mil muertos, pero el tono de sus evasivas me hizo comprender que sabía muy bien que había cometido esos crímenes y que temía ser juzgado y castigado. Dentro de él, había, muy escondida, una conciencia moral que él mismo había violentado. Pinochet fue cobarde y criminal, pero no me pareció un hombre intrínsecamente malo. También había ido a Irak a investigar a Saddam Hussein, y llegué a conversar con amigos muy cercanos de él. Su cirujano plástico de cabecera me lo definió como un hombre muy práctico, algo paranoico y brutal: “Es muy bueno con su amigos”, me dijo, “pero implacable con sus enemigos”. Su caso es comprensible, en su tradición regional, donde el ejercicio del poder ha sido de lo más paranoico y sangriento.

Saddam Hussein quizás estaba loco, pero con cálculo: mataba y tenía delirios de grandeza, pero hacía obras sociales. Taylor, en cambio, parecía ejercer mal como un destino en sí, y existir incluso al margen de sus deberes públicos de presidente: se quejaba conmigo de que la gente le molestara demasiado con sus súplicas, pidiéndole ayuda siempre. En un año de gobierno, no había hecho ninguna construcción, excepto la de su propia mansión. Puede entenderse que haya hombres que se corrompen con el poder, incluso que los seres humanos más normales y anodinos sean capaces de crueldad en situaciones extremas de guerra y de miedo. Pero Charles Taylor ejercía esa maldad perversa de los asesinos en serie, que se deleitan con hacer sufrir a sus víctimas prolongando su agonía, esa crueldad espantosa que uno se pregunta si puede provenir de un ser humano.

La maldad de Taylor era tan insólita que él era un extravagante del mal. Si hacemos matemáticas –entre Liberia, Sierra Leona y Guinea, otro país vecino adonde ha llegado el efecto Taylor– más o menos medio millón de personas ha muerto por él, un promedio de cincuenta mil vidas al año y de modos tan atroces que no me atrevería a contar. ¿Cuántos más iban a morir por él mientras viviera? Había que entender que Taylor era como Nosferatu: necesitaba sangre fresca para mantenerse poderoso y con vida. Si alguien puede tomarse la molestia y hacer el favor de fulminarlo de una vez, se salvarán miles de vidas humanas.

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Jon Lee Anderson. (Clik para leer texto de la imagen. )

 Autor del Artículo: Jon Lee Anderson nació en California Estados Unidos en 1957 los primeros 15 años de su vida los vivió en 8 países distintos entre ellos en la ciudad de Monrovia en Liberia. Es un periodista, escritor e investigador de fama internacional principalmente de casos o noticias de guerra y conflictos armados muchos de ellos ligados con el fanatismo religioso, así como asuntos político-sociales de países de latinoamérica. Inició como periodista para el periódico Latin Times de Perú, actualmente es uno de los periodistas principales del noticiero y revista estadounidense The New Yorker, desde 1998, también escribe artículos para los periódicos y revistas New York Times, Financial Times, The Guardian, El País, Harper’s, La revista Time, The Nation, Life, Le Monde, Diario Clarín, La revista Etiqueta Negra, El Espectador, etc. Ha dado cursos de periodismo y cronismo en la Fundación Gabriel Garcia Márquez para el nuevo periodismo Iberoamericano. Es muy famoso también por haber dado a conocer a los medios de comunicación internacionales el lugar donde se encontraba el cadáver del Che-Guevara.

Su profesión la ha realizado al rededor del mundo viajando a países como: Siria, Líbano, Honduras, Libia, Irak, Afganistán, Angola, Somalia, Sri. Lanka, Uganda, Palestina, Sudán, Malí, Liberia, Brasil, Haití, El Salvador, España Sur Corea, Taiwain, Indonesia, Cuba, Chile, Colombia, Venezuela, México, Irlanda, etc. En su carrera periodística ha pisado más de 100 países del mundo, en Inglaterra tiene su hogar y su familia,  es autor de libros como:

1) Inside the Liga (Al Interior de la Liga) (1986), sobre la Liga Mundial Anticomunista, financiada por los Estados unidos, y sus vinculaciones con la guerra sucia en América Latina y la formación de bandas paramilitares llamadas escuadrones de la muerte (en co-autoría con Scott Anderson)

2) Zonas de Guerra: voces de los campos de matanza del mundo (1987), recopilación de testimonios tomados en cinco guerras (en co-autoría con Scott Anderson)

3) Guerrillas (1992), sobre las guerrillas en El Salvador, Sahara Occidental, Gaza, Afganistán y Birmania

4) Che Guevara: Una Vida Revolucionaria (1997), una de las biografías más importantes de Ernesto Guevara. Para escribirla se radicó en Cuba entre 1992 a 1995, con su esposa y sus tres hijos.

5) La tumba del León: Partes de guerra desde Afganistán (2002), sobre la Guerra en Afganistán de 2001,

6) La caída de Bagdad (2004), sobre el sitio y ataque a la capital durante la Guerra de Irak.

9788415601074 7) La herencia colonial y otras maldiciones (2012), crónicas de África de Jon Lee Anderson.

Ha sido galardonado con:

El premio ‘Reporteros del mundo’ del diario El Mundo.

Premio José Couso de Libertad de Prensa (2007)

Premio María Moors Cabot (2013)

1935679_1046838147431_738476_n Krisangel23 Soy editor de Metrópolis Escéptica, así como subtitulador del grupo Traducciones Herejes los cuales traemos vídeos, documentales, entrevistas, conferencias, charlas y artículos del inglés al español sobre diversos temas como ateísmo, escepticismo, divulgación científica, diversidad afectiva sexual, humanismo secular etc. Así como también publicanos material de autores de habla hispana con fines divulgativos.

Notas Extra: Charles Taylor quien fue Presidente de Liberia es un fanático cristiano con una mezcla de creencias africanas.  Cuando llego a estar en una cárcel de máxima seguridad en Estados Unidos en los años 80’s del siglo XX escapó sobornando a funcionarios limando los barrotes de su celda y descolgándose por una soga hecha con sabanas, regresó a Liberia, derroto a su antiguo aliado Doe para tomar el poder del país. Actualmente tiene una condena de 50 años por crímenes de guerra y de lesa humanidad causó terror en su nación no solo utilizando las armas y un ejercito de niños y adolescentes caníbales ( el ejercito tenia adultos) sino también por medio de la superstición religiosa, se calcula que medio millón de personas murieron en su dictadora y que 800 mil personas tuvieron que movilizarse de su lugar de vivienda. En 2006 fue capturado y en 2012 la Haya dictaminó su condena. Ha pasado a la historia como el primer Jefe de Estado condenado por un Tribunal internacional desde los Juicios de Núremberg (juicio que condeno a los cómplices de Hitler.) La historia reciente de Liberia ha sido un infierno gracias a dictadores cristianos.

Nota 2) Actualmente Liberia tiene su primer presidenta mujer la cual es cristiana Ellen Johnson-Sirleaf ganó el Premio Nobel de la Paz luego de terminar los conflictos al iniciar su gobierno en 2006, sin embargo generó polémica y enojo a nivel internacional cuando ella propuso criminalizar la homosexualidad en su país, pidiendo algunos se le retirara su Premio Nobel de la Paz, desde ahí al parecer ya no ha vuelto a pronunciarse al respecto sobre el tema.  

Referencias:

1) Jon Lee Anderson desde The New Yorker.- http://www.newyorker.com/contributors/jon-lee-anderson

2) Jon Lee Anderson, de niño explorador a periodista.- http://www.elpais.com.co/entretenimiento/cultura/jon-lee-anderson-de-nino-explorador-a-periodista.html

3) Jon Lee Anderson: El día que te cuente de la guerra.- http://elcomercio.pe/eldominical/actualidad/jon-lee-anderson-dia-cuente-guerra-389531

4) La Haya condena a Charles Taylor a 50 años por crímenes de guerra.- https://elpais.com/internacional/2012/05/30/actualidad/1338371032_575049.html

5) Puerto de las ideas Festival de Valparaiso.- http://www.puertodeideas.cl/

6) Revista Etiqueta Negra.- http://etiquetanegra.com.pe/

7) Periódico el mundo.es Guerrillero y fanático religioso.- http://www.elmundo.es/elmundo/2006/03/28/internacional/1143561313.html

8) Alcalde de Charlottesville acusa a Trump de fomentar el racismo.- http://www.excelsior.com.mx/global/2017/08/13/1181380

9) Un atentado terrorista en Barcelona deja trece muertos y más de 100 heridos.- https://www.nytimes.com/es/2017/08/17/barcelona-ramblas-cataluna-atropello/

10) La premio Nobel y presidenta de Liberia defiende criminalización de la homosexualidad.-  http://www.20minutos.es/noticia/1345545/0/premio-nobel/criminalizacion/homosexualidad/#xtor=AD-15&xts=467263